La hora del corazón.
Hacía tarde como siempre. Para ser exactos, aún no llegaba tarde, la esperaban a las 6 y media de la tarde y se había puesto en marcha cuando el aparatoso reloj del comedor tocó con puntualidad las 6 aunque sonó 7 veces. Y fue entonces cuando sensaciones cerradas con llave salieron disparadas como lanzas. Y no solo el agua de la ducha le hizo temblar. Cerró fuertemente sus pequeñas manos intentando contener todo aquello que un día dejó en el pasado y pataleó con toda su rabia contra el suelo. Un diminuta gota salada salió rebotada mejilla abajo hasta el desagüe de todas sus debilidades. Se pintó los labios con una sonrisa rosada y cerró la puerta 5 minutos tarde con un solo golpe seco. Suspiró sintiéndose segura que de allí sus recuerdos no podrían salir.
“El dolor: anestesiarlo, aguantarlo, ignorarlo... Para algunos la mejor manera de enfrentarse a él es seguir viviendo.” Antomía de Grey






